Pasando un buen rato

Estoy en la calle, esperando a que suene un blues.

Anoche conseguí dormir. Intenté beberme un bar, pero estoy demasiado mayor para esas cosas. Acabé desnudo y derrotado en el suelo de la terraza. Me han despertado el sol y los pájaros. Durante un precioso momento todo parecía estar bien.

Ahora estoy en la calle porque necesito inyectarme la vida directamente en la retina.

Desde pequeños nos acostumbran a caminar con los ojos cerrados. Hormigas en una prisión. ¿Os he contado alguna vez que las ciudades se construyeron para contenernos? ¿A nosotros? ¿Al virus humano?

Desvarío.

Recuerdo.

Hace poco más de una semana acabé delante del pabellón de neurología del hospital. Una chica se me acercó. No tendría más de diecisiete años y no sé qué mierda era la niebla que cubría sus ojos. Podía ser locura. Podían ser las drogas que luchaban contra su locura. Arrancó una flor medio marchita y me la dio mientras me acariciaba la cara y sonreía. Hasta hace unos minutos creía que había sido una alucinación después de cuatro días sin dormir. Ahora, medio borracho otra vez, el recuerdo de su mano en mi mejilla es más real que la calle bajo mis pies. Tersa y cálida humanidad. ¿Eras un ángel, niña loca, niña perdida?

Abro los ojos sin querer. Sintonizo. No me gusta cuando sucede. El mundo empieza a hablarme a través de mis tripas. Y la gente se vuelve transparente como el cristal. Durante una época lo hacía todo el tiempo y estuve a punto de volverme loco. Quizá lo hice. ¿Imaginas ver a la gente tal y como es en cada momento?

Ahora sólo sintonizo en momentos concretos que normalmente envuelven alcohol y mucha ira. O dolor. O simple y puro asco.

Me sigue sorprendiendo la poca gente feliz con la que me cruzo.

Camino por las calles con una petaca en el bolsillo y me siento idiota e ingenuo. Pero esa mujer arrastra una maleta llena de lágrimas y parece que sólo yo la veo. Una sombra cruel acariciando sus noches.

¿Cuándo fue la última vez que viste a alguien por la calle como algo más que un obstáculo que esquivar?

Me vuelvo a sentar. Vuelvo a beber. El sol se refleja en la plata y quiero matarlo. Quiero matar al mundo y dejar que arda y sufra. Quiero dejar de ver a la gente como algo más que obstáculos que esquivar.

Dejadme en paz.

Un perro se me acerca y me lame la mano. Su dueña es una niña. No debe tener más de diez años. Su padre la sujeta. Los dos se quedan mirándonos, al perro y a mí, desde una distancia prudente. La niña aprende la lección. Aléjate de la gente que se lleva bien con los animales. No son humanos del todo.

El perro me mira y me entiende. No hace mucho se hubiese vuelto majareta intentando entender qué cojones era eso que tenía delante que parecía un hombre pero apestaba como un hurón. Ojalá pudiese tener a mi niño tumbado en el pecho y acariciar su pelaje como arena suave. Sonrío al perro e intento decirle que no pasa nada. No me cree, pero me respeta y se aleja hacia su dueña. Cuando llega a ella se gira hacia mí y me dice adiós.

Y ahora por primera vez en estas semanas podría llorar y mandarlo todo al infierno.

Gente transparente como el cristal. Con el alma por fuera de la piel como un vestido de noche sobrio y ajustado. En esa esquina dos adolescentes se besan. Por la forma en que ella aprieta su pelvis contra la de él, está muy excitada. Otra pareja atraviesa la calle. Deben rondar la treintena. Van cogidos de la mano pero no hay pasión ni veneno. No hay nada. El hombre mira a los adolescentes. Seguro que recuerda cuando ellos también se besaban así. Debe ser tan triste. ¿Cómo se puede dejar de estar enamorado de alguien y seguir manteniendo la relación? ¿Qué sois? ¿Actores? El mundo está lleno de muertos. Con tanta simpatía y darnos la mano y abrazarnos por cualquier estupidez, con tanta hipocresía, con tanto querer al prójimo se nos ha olvidado qué es amar hasta el dolor. Amamos como quien compra en IKEA. Por comodidad.

Dejémoslo. No vale la pena.

Otro banco. Otro cigarrillo. Es irónico que fume tanto, ya lo sé. Que os jodan. Ahí hay una anciana que vale más que todos nosotros bañados en oro y no hay una sola persona que la ayude a a cruzar la calle. ¿Sabéis que quiero hacer? Quiero cogerla de la mano y caminar con ella por la fachada de un edificio y bailar con ella en el cuarto piso. Quiero que sus pies descalzos pisen el ladrillo desnudo. Quiero que los inquilinos miren escandalizados sus bragas a través de las ventanas. Quiero que muera meándose encima de esta ciudad.

Pero sólo escribo mientras a la anciana está a punto de ser atropellada por un taxi.

Y bebo otro trago y hago ver que no he visto nada.

Mismo semáforo. Un niño mira con miedo a su padre. Quiero creer que esas marcas que me parece ver en su brazo no son lo que son. Hace unos años, me estaría conteniendo para no saltar de mi asiento y reventarle la cara a ese hijo de puta. Ahora miro al niño y sólo pienso pobre desgraciado. Me sorprende que la gente de la calle no me aplauda por haber conseguido volverme como ellos.

Hace unos años habría salido a la calle a buscar a alguien suficientemente idiota como para dejarse provocar e iniciar una pelea que me dejase liberar toda esta rabia. Ahora sólo escribo. Como un imbécil. Todavía me duele una costilla cuando me río, recuerdo de la última vez que me metí donde no me llamaban.

Por suerte, ya no río demasiado.

Os entiendo. Entiendo que sólo hagáis lo que más os conviene. Si haces lo correcto se te mean encima y te dan de hostias. Es autoconservación, no egoísmo. Lo entiendo.

No me hagáis caso.

No estoy enfadado con vosotros ni con vuestros deseos miserables.

Yo tampoco soy un superhéroe.

Sólo soy un cabrón más, incapaz de salvar nada aunque lo intente.

Bienvenido al mundo.

Pasa un buen rato.

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Una respuesta a Pasando un buen rato

  1. nalawatsu dijo:

    Voy por la calle.
    Alguien me mira.
    “esa tía va llena de pelos de gato, que asco”
    Sonrío
    Siento su desprecio.
    Adoro ir llena de pelos de gato, me hace sentir viva.
    Te queremos.
    Pasa un buen rato.

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