Confesión

La mujer se calló. Durante varios minutos, la iglesia quedó en silencio. Se filtraba como humedad por las paredes del confesionario donde el padre Gómez hacía correr las cuentas del rosario entre sus dedos mientras pensaba en la mejor respuesta.

— Hija mía — dijo por fin —, corta a lo largo, no a lo ancho.

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